¿Por qué el ser humano hace la guerra?

2022, otra vez guerra

2022 y estamos de nuevo en guerra. En realidad, las guerras nunca han terminado, siempre ha habido muchas en todo el mundo. Pero ahora vemos una guerra a las puertas de Europa, en Ucrania, que sentimos muy, muy cerca.

Se habla de ello de manera muy intensa y, más allá de todas las cuestiones políticas, hoy quiero hacer un vídeo para tratar de entender a nivel social, psicosocial y espiritual por qué hay guerra. ¿Por qué ahora, que estamos en 2022 y deberíamos ser personas evolucionadas, sigue sucediendo esta locura?

 

¿Por qué la guerra?

¿Por qué la guerra? ¿Por qué esta absurdidad? La guerra verdaderamente es la barbarie, la locura más grande que el ser humano pueda cometer, una locura, sin embargo, que tiene razones muy específicas, porque la guerra nunca llega por casualidad.

Dejemos de lado todas las cuestiones geopolíticas (como sociólogo, politólogo y ex investigador universitario podría contar un montón de cosas al respecto), pero no son el punto, el punto va mucho más allá.

Lo que se manifiesta a nivel geopolítico, a nivel global y a nivel social es algo que tiene raíces profundas dentro de nosotros, dentro de cada uno de nosotros, y tiene raíces a nivel social, psicosocial y espiritual.

Todo lo que se manifiesta en nuestra sociedad de hecho es el producto de una conciencia colectiva: no solo tenemos nuestra conciencia individual que se manifiesta en nuestras acciones, buenas o malas que sean, sino que también tenemos una conciencia colectiva que se manifiesta en las acciones que a nivel de grupo y de sociedad, a nivel de naciones y de población humana del mundo, vamos a manifestar.

Cuando se manifiesta una guerra, quiere decir que algo ha sucedido a un nivel más profundo y amplio. Hay, por lo tanto, una raíz de todo esto. ¿Y dónde encontramos esta raíz?

La encontramos en la rabia y en la frustración (había mencionado esto en un vídeo que hice hace poco sobre el caso de Will Smith y Chris Rock del famoso bofetón).

La cuestión fundamental es que cuando frustramos una emoción dentro de nosotros, esta emoción no desaparece, sino que es empujada dentro y es dejada allí, en una parte que está lejos de nuestra conciencia, en el espacio que llamamos Inconsciente.

No se va, por lo tanto, sino que permanece escondida. Y todo lo que está en nuestra parte inconsciente, poco a poco, cada vez que hay ocasión, sale e intenta salir a la superficie.

Como si nosotros, reprimiendo nuestras emociones, las metiéramos todas dentro de una olla a presión y, cuanto más metemos, más aumenta la presión hasta que se verifica una situación en la cual puede haber un desahogo de esta rabia y de esta frustración.

 

Educación de los niños

Si pensamos en cómo somos educados desde niños, en cómo se educa a los niños en nuestra sociedad, podemos imaginar cuánta rabia reprimida hay.

En primer lugar, la escucha de los que son las necesidades de los niños: continuamente me pasa de caminar por la calle y ver cómo los niños son ignorados, golpeados, maltratados, utilizados como mueble para lo que es la vida del adulto.

El niño es a menudo arrastrado al interior de los que son las necesidades del adulto, mientras que sus necesidades son ignoradas, creando una serie de invasiones del espacio del niño, de su espacio íntimo.

Esto muy a menudo genera una reacción en los niños que, en consecuencia, hacen rabietas, se enfadan, llevan a cabo acciones que son mal vistas por los adultos.

Estas acciones, en lugar de ser acogidas como un estímulo a decir «ok, hay una necesidad que escuchar», son reprimidas. Por lo tanto, los niños son aún más reprimidos y son golpeados y castigados, y si el niño se enfada se le dice «no te enfades».

Así, la rabia, que es una emoción sana que nos sirve para establecer los límites y que nos dice «mira que aquí hay un límite que no ha sido respetado», es reprimida para decir «tus límites emocionales de ser humano no pueden ser respetados, yo hago lo que quiero y tú no puedes protestar sobre esto».

 

Acumulación de la rabia

Esto produce en los años una gran presión que, en el mundo adulto, manifiesta esta neurosis en los modelos de rol que encontramos en nuestra sociedad: basta ver cómo se comportan los jefes de oficina, cómo se comportan los compañeros de trabajo o cómo se comportan las fuerzas del orden con las personas que encuentran y con las que trabajan.

Los modelos se basan en acciones de fuerza y de imposición gracias a privilegios de rol que son estructurados dentro del sistema social. Esto madura dentro de cada uno de nosotros una gran frustración.

Esta frustración y rabia a veces es desahogada en las relaciones interpersonales, por lo tanto, enfadándose o utilizando agresividad pasiva hacia las personas a nuestro alrededor (esposas, hijos, parientes, padres o lo que sea).

En general, sin embargo, este mecanismo no basta y se va acumulando una gran rabia que luego es canalizada a nivel social hacia los que son los chivos expiatorios.

Por ejemplo, en los dos años de pandemia esta gran frustración que ha habido ha canalizado muchísima rabia hacia las más dispares categorías: los runners, el gobierno, los terribles y malísimos no vax o los terribles y malísimos sí vax.

Toda esta rabia difusa va gradualmente aumentando y la máxima expresión de esta rabia se manifiesta en la violencia bárbara de la guerra que lleva a la destrucción total.

La rabia que no es gestionada y que no es canalizada a nivel colectivo espiritual y global crea unas Egrégoras de dolor que se manifiestan con el conflicto y con la guerra hasta que no se produce una toma de conciencia.

Aprender a gestionar la rabia

La toma de conciencia nace de nuestro compromiso como individuos: debemos empezar a trabajar sobre nosotros mismos, en primer lugar reconociendo nuestra rabia, luego, una vez tomada conciencia de la rabia que tenemos dentro de nosotros, empezando a no tirarla más por ahí, sino a canalizarla de manera constructiva.

Existen unos interesantísimos ejercicios de bioenergética para hacer para dejar salir la rabia. Cuanto más la elaboramos, entendemos de dónde viene y conseguimos desactivar los triggers detonadores que nos la hacen subir, más conseguimos ser conscientes de ella y a canalizar de la mejor manera la energía de la rabia como una energía asertiva en nuestra vida que de modo no violento, sino pacífico y sano, pueda dar energía a nuestras acciones.

Todo esto es extremadamente importante porque nosotros cada vez que inconscientemente canalizamos nuestra rabia hacia los demás estamos alimentando los conflictos.

Estos conflictos parten de nuestra conciencia individual, entran en nuestra conciencia familiar, se expanden en la conciencia social y cuando llegan a la conciencia global se van a manifestar en las cosas terribles que nosotros vemos todos los días.

Por lo tanto, la invitación es a prestar mucha atención, es necesaria la conciencia porque un mundo de paz se construye con la conciencia dentro de nosotros.

Categorías

Todas las categorías
Crecimiento personal
Guerra
Tarot y tarología

Síguenos en


¿Deseas transformar
tu pasión en verdadero conocimiento?

Descubre

todos los cursos de la academia Anima della Terra
Ir a los cursos

¡Mantengámonos en contacto!

¡Suscríbete a nuestra lista de correo para recibir contenido interesante y las últimas novedades sobre nuestras actividades!